Criar sin castigos

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¿Por qué los niños desafían los límites? ¿Qué enseñamos a través de castigos y penitencias?

Los niños se encuentran en vías de crecimiento y por lo tanto están desarrollando su cerebro, su cuerpo y su fuerza. A medida que crecen, no sólo aumentan de tamaño, también incrementan su capacidad comprensiva y como si todo ello fuera poco, además desarrollan cada vez más potencia. Si los observamos con atención en sus juegos o en sus exploraciones, podemos ver que siempre quieren ser lo máximo dentro de sus posibilidades. Por eso a los chicos (y a algunos grandes también) les gustan tanto los superhéroes, porque no son simplemente “héroes”, son “super-héroes”. Son los más fuertes, los más poderosos, los más valientes. Y por esa misma razón es que siempre quieren ganar en los juegos, porque quieren ser ellos también los más fuertes.

Los niños están constantemente midiendo su fuerza, porque a medida que crecen, ésta va aumentando. Entonces necesitan probar de cuánta energía disponen y qué pueden acanzar mediante su uso. Cuando miden su fuerza no es “contra” sus padres, es “con” sus padres. ¿Por qué con ellos? Sencillamente porque los tienen a mano, son su nexo con el mundo, representan un pedazo del mundo al que pertenecen. Un niño conoce el mundo a través de sus padres, de sus figuras afectivas.

Si un pequeño nos desafía cuando ponemos un límite, no es porque está ensañado con nosotros, porque nos quiere "tomar el tiempo" o porque nos quiere quitar la autoridad. Es porque está probando su fuerza, la fuerza de su deseo, la intensidad de lo que se propone hacer. Está experimentando su autoafirmación, está diciendo: “Acá estoy yo. Me muevo porque estoy vivo, porque deseo y porque quiero hacer mis propias experiencias”. Si castigamos ese desafío, si lo condenamos o si ponemos una penitencia, le estamos diciendo: “Vos tenés que hacer lo que yo te digo, porque si no vas a tener una consecuencia.” Esta “consecuencia” (nombre más inocente que “castigo”, pero que se utiliza como sinónimo), usualmente no resulta naturalmente de su acto, sino un que es un resultado adrede creado para que “aprenda”.

Entonces cuando decimos NO y el niño insiste: ¿Eso es desafiar el límite? Sí, está explorando qué efecto tiene la fuerza de su deseo. Está aprendiendo, se está probando, está buscando conocerse y conocer el mundo. Y en ese mismo desafío está construyendo sus propios límites, lo que se puede y lo que no, lo que está permitido y lo que no. No es cierto que baste una vez con decir que NO para que aprenda, es necesario repetirlo muchas veces para que lo internalice.

¿Cómo podemos acompañar ese aprendizaje si no queremos responder mediante un castigo? Podemos decirle que eso que él quiere hacer o que quiere agarrar, no se puede por tal razón (la respueta válida y real de por qué consideramos de que ello es peligroso, o que se puede romper o lastimarse él), se la explicamos y le ofrecemos alguna otra cosa que el niño sí pueda hacer o agarrar. Cuando decirnos "esto NO", pero "esto SI", estamos ofreciendo una alternativa para tramitar la frustración. En lugar de transmitirle que las cosas son “blanco o negro”, que es eso o nada, le mostramos que existen grices, matices. Que en la vida hay muchas cosas que no va a poder tener, que tal vez no pueda alcanzar, pero eso no quiere decir que no pueda tener nada. Le estamos ofreceindo alternativas y se las ponemos a su alcance.


Tags: Empatía, Validación de las emociones

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