La constelación maternal en la era digital

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Trabajo presentado en la XVIII Jornada de Niñez y Adolescencia de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires el día 7 de Noviembre de 2015

Hacia nuevas formas de subjetivación

Hoy en día ya no resulta una novedad el hecho de que el advenimiento de las nuevas tecnologías y su impacto en la constitución de la subjetividad, producen nuevas formas de ser y estar en el mundo. Los modos de habitar la función materna en una época donde el encuentro virtual con otros desafía las oposiciones binarias propias de la modernidad tales como adentro/afuera, presencia/ausencia, etc., indudablemente no son los mismos que en los tiempos previos a la existencia de internet. Así como los niños se subjetivan de una manera diferente y singular en la era digital, la maternidad también se ve atravesada por una serie de transformaciones que los profesionales que trabajamos en primera infancia no podemos descuidar.

 


La proliferación de grupos virtuales en los cuales las mamás se reúnen para intercambiar información sobre temas específicos de crianza y primera infancia, como alimentación complementaria, lactancia, porteo, etc.; como así también la creciente oferta de páginas web y blogs sobre temáticas afines, dan cuenta de un proceso que trasciende y subvierte la clásica consulta al profesional a quien se le adjudica un saber. 

Estas transformaciones nos interrogan acerca de una tendencia cada vez más extendida donde las madres someten a revisión un sistema de valores y creencias heredadas, en donde el saber circula no sólo en los ámbitos profesionales y académicos, sino que las incluye reivindicando el valor de la experiencia. 


Las redes sociales y la maternidad 

En los últimos años y a raíz del auge que han alcanzado las redes sociales, hemos asistido a una vertiginosa multiplicación de grupos de facebook, foros, blogs y páginas web en los cuales las mamás se reúnen con el único fin de intercambiar información y experiencias en torno a un interés común: la crianza de sus hijos. No solo comparten sus vivencias, sino que además piden consejos y opiniones a otras madres que han transitado o están atravesando situaciones similares con sus niños. Así, nos encontramos con grupos sobre temas tan específicos como: lactancia, alimentación complementaria, crianza en brazos, recomendaciones de profesionales, entre muchos otros.

Esta creciente expansión de espacios virtuales dedicados a la crianza y al cuidado de los niños nos confronta con un fenómeno social sin antecedentes: madres que se empoderan en defensa de ciertos paradigmas de crianza que rompen o cuestionan los sistemas de valores y creencias propios de su infancia, tales como que a los niños hay que dejarlos llorar, o que si los llevan mucho tiempo en brazos luego van a crecer siendo unos malcriados, etc. 

Según la antropóloga y licenciada en comunicación Paula Sibilia (2008) las “(…) fuerzas históricas imprimen su influencia en la conformación de cuerpos y subjetividades: todos esos vectores socioculturales, económicos y políticos ejercen una presión sobre los sujetos de los diversos tiempos y espacios, estimulando la configuración de ciertas formas de ser e inhibiendo otras modalidades”1. Sostiene además que hay “elementos de la subjetividad que son claramente culturales, frutos de ciertas presiones y fuerzas históricas en las cuales intervienen vectores políticos, económicos y sociales que impulsan el surgimiento de ciertas formas de ser y estar en el mundo.” 2 

Le debemos al psiquiatra estadounidense Daniel Stern (1994) el haber despejado con tanta claridad aquella nueva y única organización psíquica en la que entra la madre tras el nacimiento de un bebé, a la que llama constelación maternal. Bajo esta denominación reúne a las condiciones psicológicas especiales a las que responde la mamá tras el nacimiento de su hijo para hacer frente a la tarea de cuidar a ese niño. Se trata de una instancia organizadora de la psique que determinará un nuevo conjunto de tendencias a la acción, sensibilidades, fantasías, temores y deseos. 

Ahora bien, entre la innumerable oferta de grupos y foros, particularmente ha llamado mi atención el hecho de que miles de madres alrededor del mundo, se embarquen en una apasionada defensa por lo que se ha dado en llamar crianza respetuosa. Si bien existen profesionales como puericultoras, pediatras, psicólogos, etc., que adhieren o acompañan desde su trabajo a esta concepción, mayormente las que transitan y escriben en estos espacios virtuales son madres que hablan desde su experiencia. Y lo que resulta aún más llamativo es el hecho de que tantas mamás ocupen y dediquen su tiempo a consultarse entre sí cuáles son los modos más respetuosos para acompañar el crecimiento de sus hijos. 

Otro hecho notable es que estos grupos no permanecen únicamente en el espacio virtual, sino que muchos de ellos trascienden el encuentro más allá de la pantalla. Grupos de facebook, se trasnforman en grupos de whatsapp y de allí a la reunión presencial, al encuentro de carne y hueso. Es decir, que no se sostienen únicamente a través de la red sino que en muchos casos traspasan la virtualidad y derivan en encuentros en espacios vivenciales y compartidos. Algunas veces son facilitados por profesionales que organizan encuentros de crianza, talleres de alimentación o de masajes para bebés (por nombrar sólo algunos de los ejemplos dentro de la variada oferta existente) y otras veces son las mismas mamás las que se autogestionan juntándose simplemente a acompañarse en situaciones de la vida cotidiana, conformando lo que se denomina tribus de madres.


La matriz de apoyo como unidad social 

Siguiendo las conceptualizaciones de Stern, podríamos pensar que estos espacios virtuales no hacen más que poner en evidencia un hecho esencial: que las mamás necesitan de una matriz de apoyo benefactora y protectora, de manera que puedan desarrollar sus funciones de mantener al bebé en vida y fomentar su desarrollo psíquico y afectivo. Según este autor, esta necesidad de sostén se debe a las enormes demandas que tanto el bebé como la sociedad depositan en ella. 

En el libro La constelación maternal (1994) escrito hace poco más de veinte años, en la era “del antes de internet” (es tan fuerte la impronta que ha producido en la sociedad la interfase, que amerita que hagamos una distinción de un antes y un después de ella), afirma que la desaparición relativa de la familia funcional ampliada, ha derivado en que el rol encarnado mayormente por los miembros femeninos del clan familiar de ayudar a la madre, no habría sido sustituido de forma adecuada por otra unidad social. Por esta razón asegura, se ejerce una creciente presión sobre el compañero y sobre la pareja para que faciliten la matriz de apoyo necesaria. A la vez que aclara, que es una tarea prácticamente imposible de desempeñar para el hombre. Simplemente porque el padre no sólo no ha sido madre, sino porque además en muchos casos es tan inexperto como ella. Es una función que tradicionalmente quedaba cubierta por una sociedad de mujeres. 

Después de nacido el bebé, sostiene Stern, la relación psicológica principal y más activa de la madre (aparte del bebé) se produce con las figuras maternas de su vida. Tradicionalmente la matriz de apoyo ha sido siempre una red femenina y maternal (entre ellas, la madre de la madre, las hermanas mayores, las tías, etc), que brinda apoyo y sostén a la reciente mamá que necesita sentirse rodeada, acompañada, valorada, apreciada y ayudada. Sin esta forma de ayuda, es probable que la función materna se viera comprometida. 

De acuerdo con Paula Sibilia, las redes sociales transformaron a la pantalla de la computadora, la tablet o el teléfono en una ventana siempre abierta y conectada con decenas de personas al mismo tiempo. Y en este sentido, si consideramos que madres de distintos lugares del mundo frecuentan y crean ese tipo de espacios ¿no podríamos conjeturar que estos grupos constituyen aquella unidad social de la que hablaba Stern, que deviene matriz de apoyo para las madres de la generación 2.0? 

Y si esto fuera asi, en una época como la nuestra donde el individualismo se encuentra a la orden del día y en la cual los valores de la familia moderna tradicional parecieran estar cayendo en decadencia ¿a qué se debe el hecho de que tantas mamás se empoderen a través de las redes en defensa de una concepción respetuosa de la crianza? Me pregunto: Esta concepción ¿es un producto emergente de ese encuentro virtual?

Según Stern, las condiciones culturales desempeñan una función esencial en la conformación de la estructura de la constelación maternal. Si esto es así, si la sociedad y el entorno cultural operan de un modo decisivo en su configuración, podríamos suponer que cada cultura producirá constelaciones maternales diferentes de acuerdo con el sistema de valores y creencias que en ella reinen. Por lo tanto, tal vez sería más preciso hablar en términos plurales de las constelaciones maternales, como los distintos modos de habitar esa organización psíquica de la vida mental materna, que se pone en funcionamiento tras la llegada del niño.  

Ahora bien, como una niña curiosa que a todo desea encontrarle un por qué, yo me pregunto: ¿Por qué la era digital produce (entre muchas otras que quedarán pendientes por delimitar) constelaciones maternales que embanderan tras la defensa de una concepción respetuosa de la crianza? Y más precisamente ¿respetuosa de qué? 

En primer lugar se podría arriesgar que se trata de una mirada respetuosa del niño como un otro diferente de la madre, reconocido en su alteridad aún cuando se encuentra fusionado a ella; ambigüedad que forma parte de la paradoja. Se propone como respetuosa de la singularidad del niño, de su espontaneidad, de su potencialidad, de sus procesos madurativos, de su fisiología y de su capacidad de autorregulación. 

Hoy, gracias a los desarrollos psicoanalíticos y de las neurociencias en las últimas décadas, sabemos que ningún niño podría subjetivarse sin un otro primordial que done y oferte significantes, pero que el trabajo de subjetivación es esencialmente un proceso activo. Tarea eminentemente activa pero imposible sin un ambiente facilitador que acompañe, brinde afecto, sostenga emocionalmente y por sobre todo, no interfiera en dichos trabajos. 

Desde esta perspectiva considero que los psicoanalistas de niños tenemos mucho para aportar al trabajo en prevención y promoción de la salud. Dialogando y acompañando a las madres en esa relación primaria con su bebé, ofreciendo espacios de consulta para el niño sano, habilitando un acompañamiento desde intervenciones productoras de salud que favorezcan la construcción de ambientes facilitadores para esos niños. Desde nuestra práctica podemos brindar un holding para el holding cuidando a los cuidadores. No deberíamos necesariamente esperar a que un niño presente síntomas para poder intervenir. Nuestro rol profesional es también y al mismo tiempo un rol político, que debiera empezar a ponerse en funcionamiento antes de que los síntomas aparezcan. 

¿Podríamos concebir la idea de un psicoanálisis respetuoso, sensible a los discursos de la época? Así como se torna necesario pensar en la posibilidad de una pediatría respetuosa o de una psicología respetuosa, es esencial reconocer que los profesionales de la salud también formamos parte de esa matriz de apoyo. Desde nuestra práctica podemos favorecer al entramado de una red que aloje, que contenga, que acompañe también desde el reconocimiento de la diferencia, sorteando los mandatos superyoicos y las bajadas de línea, es decir evitando que rápidamente alguna norma se vuelva centro. 

El respeto tiene que ver con una posición fundamentalmente ética, que implica reconocer y aceptar las diferencias en las representaciones de lo que implica ser madre, padre y niño en cada cultura. Deberíamos poder tener en cuenta el saber, la idiosincrasia y las creencias de cada familia y no intentar imponer nuestra verdad como absoluta. Esta ética implica sobre todo mantener una mente abierta sabiendo de antemano que no hay respuestas correctas. 


1- Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires. Fondo de cultura económica. pag 19 
2- Ibid pag. 21

Bibliografía

 

  • Bleichmar, S. (2002). La fundación de lo inconciente. Buenos Aires. Amorrortu
  • Dolto, F. (1986). La causa de los niños. Barcelona. Paidós
  • Moreno, J. (2010). Ser humano. La inconsistencia, los vínculos, la crianza. Buenos Aires. Letra viva.
  • Rodulfo, R. (2008). Futuro porvenir. Ensayos sobre la actitud psicoanalítica en la clínica de la niñez y la adolescencia. Buenos Aires. Noveduc.
  • Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires. Fondo de cultura económica
  • Stern, D. (1999). El nacimiento de una madre. Barcelona. Paidós
  • Stern, D. (1994). La constelación maternal. Barcelona. Paidós.
  • Winnicott, D. (1979). Escritos de pediatría y psicoanálisis. Barcelona. Paidós
  • Winnicott, D. (1991). Exploraciones psicoanlíticas I. Barcelona. Paidós
  • Winccicott, D. (1993). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Barcelona. Paidós

 


Tags: Crianza respetuosa, Matriz de apoyo

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