La lactancia materna y el rechazo social

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Como profesional de la salud en primera infancia, he notado que las mismas personas (incluso profesionales) que apoyan y elogian la lactancia materna cuando se trata de bebés recién nacidos o de pocos meses de edad, a medida que los niños crecen, empiezan a incomodarse con el hecho de que sean amamantados y hasta desaconsejan que sigan haciéndolo.

Foto por sanutri

En mi experiencia personal como mamá, comencé a observar incluso que muchas personas que no formaban parte de mi círculo cercano, me expresaban esta inquietud a modo de preocupación: “¿Hasta cuándo vas a darle el pecho?” Lo que me ha llevado a pensar que en nuestra sociedad actual, si bien existe un discurso “oficial” de que la lactancia materna tiene importantes beneficios para salud de un bebé, a medida que éste crece, la leche materna iría perdiendo “eficacia social”.

Por ello me pareció muy importante un comunicado que lanzó la AEP (Asociación Española de Pediatría) con el fin de contribuir a normalizar la lactancia materna más allá del primer año. En éste aseguran que a mayor duración de la lactancia materna, mayor es su beneficio potencial. Recomiendan mantenerla hasta los 12-24 meses y posteriormente todo el tiempo que madre e hijo deseen. Y afirman que la principal dificultad a la que se enfrentan las madres de lactantes mayores, es el rechazo social.

Desde la entidad española, sostienen que aunque en otras culturas es algo común y habitual la lactancia materna por encima del año de edad, es relativamente poco frecuente en los países occidentales. Por ello, las madres que deciden seguir amamantando a niños mayores se encuentran frecuentemente con prejuicios o trabas sociales, tanto entre los pediatras como dentro de su propio entorno familiar, basadas en información errónea o falsa.

Las principales asociaciones científicas internacionales (Organización Mundial de la Salud, UNICEF, Asociación Española de Pediatría, American Academy of Pediatrics, entre otras) recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad, y después complementarla con otros alimentos, al menos hasta los 12-24 meses, pudiendo mantenerla todo el tiempo que madre e hijo deseen. No hay establecido un límite máximo para finalizar la lactancia materna y ninguno de estos organismos considera perjudicial continuar con la misma más allá del primer año de edad.

Desde una mirada histórico-antropológica, aseguran que a lo largo de los siglos, y en prácticamente todos los lugares del mundo, la lactancia materna ha sido la norma hasta los 2-3 años de edad. Es recién a comienzos del siglo XX en los países industrializados cuando, a raíz de la aparición y extensión del uso de la leche de fórmula y los cambios sociales, se generaliza el destete prematuro de los bebés.

Barriendo con mitos y falsas creencias, aseveran que la leche materna no pierde sus propiedades con el paso del tiempo sino que, a partir del primer año de lactancia, la cantidad de grasa en la leche aumenta con respecto a los primeros meses, resultando un alimento completo y nutritivo para un lactante mayor y de mayor calidad que la leche de fórmula o de vaca.

Además los niños mayores que toman pecho siguen disfrutando de los beneficios inmunológicos de la leche materna, con una menor incidencia de infecciones para su edad que sus coetáneos que no son amamantados. 

Para los que creen que los niños amamantados más allá del año se vuelven dependientes e inseguros, la AEP asegura que la duración de la lactancia materna también está implicada en un mejor desarrollo emocional y psicosocial del niño. A mayor duración, se ha descrito una menor incidencia de maltrato infantil, una mejor relación con los padres en la adolescencia, una mayor percepción de cuidado y una mejor salud mental en la vida adulta. Y por sobre todo, afirman que no se han constatado riesgos físicos ni psicológicos en niños que toman pecho por encima de los 2-3 años de edad. Tampoco se ha evidenciado la relación entre lactancia materna prolongada y malnutrición en países en desarrollo, ni tampoco está demostrada su relación con la caries infantil.

Al contrario de lo que se creía hasta hace pocos años, si ése es el deseo de la madre, no hay ningún riesgo demostrado en continuar la lactancia del niño mayor durante un nuevo embarazo. Amamantar a ambos hermanos tras el nacimiento del nuevo bebé es posible, ya que la producción de leche se adapta según la demanda.

Por lo tanto el mayor problema de la lactancia materna más allá del año de edad es el rechazo social y profesional por prejuicios o desconocimiento de la evidencia científica actual. Según este organismo es importante que cada familia y cada madre tome decisiones informadas. Si es su deseo continuar con la lactancia, el deber de los profesionales es apoyarles en su decisión y darles herramientas para superar las dificultades que puedan surgir.

La AEP recomienda mantener la lactancia tanto tiempo como madre e hijo deseen. Cuando una mujer cree que ha llegado el momento de destetar, aconsejan no hacerlo bruscamente ni con engaños. La mejor estrategia aseguran, es la del destete gradual, sin ofrecer ni negar el pecho, pudiendo negociar las condiciones con el niño (por ejemplo, sólo pecho en ciertos lugares o situaciones, o con una duración limitada de la toma). Sostienen que durante la etapa del destete es importante ofrecer alternativas a la necesidad de contacto del niño, ya que la relación que se establece a través de la lactancia es un vínculo muy estrecho que debe ir reorientándose paulatinamente.

Por lo tanto cuánto tiempo durará la lactancia de un niño es una decisión de cada familia, para lo cual es fundamental que cuenten con la información necesaria, que sean respetados y apoyados, sea cual sea la opción que elijan, por el entorno médico y social.

Para más información:

http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/documentos/lactancia-materna-en-ninos-mayores-o-prolongada


Tags: Lactancia materna

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