Validación y empatía

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No deja de sorprenderme el efecto inmediato (casi mágico, diría) que tiene la “validación” de las emociones en los niños.

Los otros días llegaba a una reunión social y ni bien entramos, percibo que una de las nenas lloraba desparramada sobre la escalera. Al pasar por el umbral de la puerta, quien nos recibe, me alerta: “Es que tiene un día!” Me quise acercar para saludar a la pequeña y preguntarle qué le pasaba, pero se enojó aún más al ver mi intención. Entonces entendí que aún no podía acercarme, ella me lo estaba alertando. Decidí hablarle a mi hijo que llevaba en brazos, y asegurándome que ella me escuchaba, le dije que a la nena le estaba ocurriendo algo y que seguramente debía ser muy importante para ella, porque si no, no estaría tan enojada. Noté un cambio en el volumen del llanto, una pequeña señal. Seguí hablándole a mi hijo y dije que ella debía estar triste o enojada por algo y que por eso lloraba. Simplemente describía lo que observaba y lo que suponía que le podía estar sintiendo. En eso estábamos, cuando alguien se acerca y me comenta que la mamá de la pequeña ese día no se encontraba (algo excepcional porque siempre está presente en esas reuniones). Entonces enlazo lo que le sucedía a la niña con ese dato que acababa de recibir, y esta vez me dirijo hacia ella que ya a esa altura había dejado de llorar: 

- Ahora entiendo, es que estás triste porque no vino mamá.

- Sí - me responde, mirándome a los ojos por primera vez ese día. 

- Es que mamá hoy tenía que trabajar y no pudo venir – digo adivinando. 

- Sí- contesta, percibiendo mi comprensión y empatía. 

- Claro, debés extañarla mucho. 

- Sí. 

- Estoy segura que ella también debe extrañarte. Para ese momento ya sonreía. 

En seguida pudo pasar a otra cosa y me propuso un juego para compartir con ella y mi hijo. Conectarnos con lo que le sucede al niño es un modo de decirles que lo comprendemos, que entendemos lo que le sucede y que podemos ponernos en su lugar. Es ser empático con él. Hay momentos en que no podemos evitarles el sufrimiento, de hecho yo no podía hacer que esa niña no extrañara a su mamá, pero sí tenía la posibilidad de demostrarle que la entendía y que no estaba sola con lo que sentía. Eso la ayudó a estar menos angustiada y a partir de allí, ese día jugó como nunca antes conmigo, nos reímos y pasamos momentos muy divertidos juntas.


Tags: Empatía, Validación de las emociones

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Comentarios

Laura
09/07/2015

Me encanta esta página